2112

20130813-233742.jpg

Cádiz estaba inmersa en las celebraciones del tricentenario de la Constitución de 1812, aquella constitución liberal y moderna, precursora de libertades y derechos, que ahora, después de trescientos años, los ciudadanos habíamos decidido recuperar. Durante el último siglo, habíamos estado sometidos a un sistema político impuesto allá en el año 2012, llamado Demodictadura, en el que se decía que se contaba con la voluntad del pueblo, pero en la que los representantes políticos después hacían y deshacían a su antojo. Y en este año 2112, capicúa nada más y nada menos, el año del fin del mundo, como se había vaticinado por ilustres y sabios profetas del pasado, el poder había sido devuelto por fin a los ciudadanos.

Aquella noche de un cielo estrellado sin luna del mes de agosto, el calor se hizo insoportable y los gaditanos y gaditanas habían colonizado una vez más la playa de La Victoria, después de haber vivido la final de otro Carranza, el trofeo veraniego por excelencia, la fiesta del fútbol,…bueno y también de las barbacoas.

Las pequeñas hogueras que comenzaron a encenderse escondían secretos de lujuria y pasión y desde el horizonte marino, la ciudad se dibujaba iluminada, hermosa y más bella que nunca.

Y el rumor que había recorrido la ciudad durante tanto tiempo, aquella noche se hizo realidad.

El ruido, las risas, los gritos y la música que se desprendía de cada hoguera, de repente se hizo silencio. El frío comenzó a recorrer el cuerpo de cada uno de los gaditanos y gaditanas que se encontraban en la playa y, como estatuas de hielo en el calor de la noche, todos comenzaron a ver como desde el horizonte una luz se acercaba a la orilla del mar. Aquel objeto brillante, plateado, con forma de huevo, quedó suspendido en el aire, inmóvil, silencioso.

_ ¿Qué carajo es eso Dios mío de miarma?_ era el murmullo que se escuchaba.

Pasaron los minutos lentamente, cuando poco a poco una luz se abrió desde el interior de aquel objeto y comenzaron a descender dos seres extraños. Sobre una luz dorada, los dos cuerpos elevados en el aire se deslizaron hasta pedestal iluminado que sobresalía de aquel objeto. Uno de ellos parecía una mujer. Vestida con un traje azul eléctrico, tenía el cabello blanco, completamente cano. Y a su lado, y de la mano, aquel otro ser destacaba por el gran tamaño y volumen de su cabeza.

Aquellos dos extraterrestres tenían un enorme parecido con dos estatuas que habían derribado los gaditanos días atrás y que habían permanecido durante más de cien años en la Plaza de España. Los alienígenas eran dos figuras semejantes a aquellos dos políticos del siglo pasado que habían dirigido los designios de esta tierra, de la que fuera una vez la alcaldesa de la ciudad, una tal Teófila Martínez, y la de un antiguo presidente de algo que llamaron Andalucía, un tal Manolo Chaves.

A la mañana siguiente, la Tacita de Plata despertó callada, silenciosa y serena…. Al final, el rumor no fue tal rumor y la profecía se hizo realidad ante el asombro y la estupefacción de los gaditanos y gaditanas. Por fin, en el año del fin del mundo y de la celebración del tricentenario de la Constitución de 1812, el Puente de la Pepa lo habían terminado de construir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s