Las gemelas del mar

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María y Francisco, Carlos y Roberto, Marta y Jorge, Laura y Silvia….Aquel banco de madera deteriorado por el sol y la lluvia se había convertido en un libro de relatos de amor, que hablaba de confidencias y secretos, de caricias llenas de timidez, de la inocencia de los primeros besos y de los fracasos de un amor de juventud. Cada tarde me sentaba en él y mientras leía aquel libro, mi soledad se encontraba rodeada de todas aquellas historias, de sueños por vivir y de sueños que habían quedado rotos y que anhelaban encontrar nuevos recuerdos.

Mis manos recorrían lentamente cada nombre allí grabado inserto en corazones flechados y los dedos se rasgaban entre aquellas aristas de pasión, locura, deseo y dolor. Imaginaba las miradas cruzadas de aquellos enamorados que hacían público su amor, guardando el secreto de sus rostros, de sus palabras envueltas en susurros y de aquellas manos entrelazadas que descubrían el éxtasis de un primer amor.

Oculto entre los arbustos del parque, aquel banco asomado a la bahía que se abría cada tarde a mis ojos, entre las lanzadas de las cañas y el graznido de las gaviotas, era habitado por corazones desatados que se atrapaban entre sonrisas, susurros y besos. Y frente a él,…el mar abierto, casi siempre azul, se pintaba de gris verdoso los días nublados albergando en su fondo los sueños de los viejos pescadores que se hacían a la mar.

Aquella tarde me senté en uno de los extremos de aquel banco y comprobé como dos nuevos nombres aparecieron inscritos,….Belén y Victor. Dos nuevos protagonistas envueltos en cada lado de un corazón; dos nuevos navegantes que habían marcado su amor en una madera raída por el tiempo, como el tatuaje de dos marineros que se hacían por primera vez a la mar. Pero mi sonrisa se transformó en tristeza al ver como el nombre de Silvia se encontraba marcado por una línea abrupta de odio, de ira y dolor. Aquella herida abierta en la madera lloraba desconsolada, derramaba lágrimas de soledad sobre aquel nombre que un día fue grabado con amor.

Hoy he visto dos gemelas que nacen del mismo lugar, dos lágrimas que son iguales pero que en el fondo son diferentes y que descienden por mejillas en búsqueda de su propio mar. Las lágrimas de dos enamorados son gotas cálidas de ilusión y de esperanza, de alegría y de risas que se envuelven en un sueño de futuro. Y las lágrimas de Laura brotan frías, apagadas en la noche oscura y gélida de un invierno, llenas de soledad y desesperanza, de un futuro perdido por un momento de desamor.

Hoy he visto nacer dos lágrimas que son gemelas y que al final de su viaje se encuentran en el mismo mar.

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