El pintor del techo

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Hoy el presente se me acaba de transformar en pasado.

Hace un mes que llegué a mi nuevo hogar y ahora es cuando he empezado a habituarme a él. Los primeros días extrañaba aquella casa, de una gran belleza exterior, pero que escondía un interior agónico. Era fría, desoladora y el silencio llenaba de su sonido aquellas enormes habitaciones. A través sus grandes ventanales veía pasar a diario a todos aquellos desconocidos, que deambulaban por caminos perdidos,… acompañados con su soledad.

Cada noche tardaba en conciliar el sueño y cuando lo hacía, mis pesadillas apenas dejaban hueco al descanso. En mi cabeza siempre llegaba el mismo pensamiento, imaginaba que cada día tenía que pintar de un color diferente el techo de mi nueva casa. Aquella idea me evadía, me alejaba de este mundo, entendía que era la única salida para encontrar la paz que la noche me robaba a diario.

En el ruidoso silencio de la noche, el paso de las horas era roto por las campanas del reloj de aquel vetusto edificio y cuando marcaba las seis de la mañana, mis ojos se abrían al mundo, después de una noche tras otra de vigilia. Cada mañana, al despertar, permanecía inmóvil durante unos minutos observando el techo de aquella enorme habitación, que caía sobre mi cabeza sin concederme el perdón por los pecados que había cometido.

Jamás olvidaré aquellas lágrimas que cayeron sobre mi cuerpo abatido por el cansancio, humedeciendo mi rostro roto por el dolor, aquel llanto atronador que asustó a los sueños que viajaban cada noche bajo la oscuridad de aquel techo pintado de negro.

Coloreé el techo de arco iris, con la ilusión de regalar una sonrisa, pero las miradas de aquellos cuadros pintados bajo la indolencia de un desprecio, ocultaban la alegría de aquella casa.

Los días comenzaron a pasar y el color de aquel techo cambiaba de color. El gris se hizo negro, el negro se convirtió en naranja para hacerse amarillo, y al final siempre….siempre quería alcanzar el azul. Aquel techo me enseñó los colores de la vida, me mostró su cara más tenebrosa, su rostro más meláncolico, su máscara de la ilusión por nacer, su luz, la vida.

Hoy este presente se me acaba de transformar en pasado, ya he dejado la calle, he vuelto a mi hogar, he encontrado un techo que no cambia de color, pero que sí me protege, que me ayuda a vivir. He vuelto a recuperar la ilusión, observar el color de la vida. He conocido los colores de un techo, de un cielo que nos protege, pero que también nos desampara.

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