LA NOTICIERA MERETRIZ

Lo citó a las cinco de la tarde en la cafetería del Hotel París, un pequeño palacio situado en el centro de Madrid, que se había remodelado para albergar sólo diez habitaciones, una cafetería y un restaurante.
Julio había empezado a trabajar en la sección de cultura del períódico hacía sólo una semana y sabía que comenzaba una carrera de larga distancia. Desde su niñez le había apasionado el periodismo, y había visto como durante sus años de carrera, la profesión se estaba transformando a cada momento. Se había incorporado a un nuevo proyecto de comunicación, los dueños de la empresa habían tomado la decisión de abandonar la edición en papel para dedicarse en exclusiva al periodismo digital.

Desde que a las diez de la mañana recibiera aquella llamada, no paraba, no podía disimular los nervios, estaba desconcertado ante aquella entrevista. Carolina Tejeiro, la presentadora de las noticias de la noche, una estrella de la televisión, lo había llamado, quería conocerlo. Julio se preguntaba cómo una famosa periodista quería ofrecer una entrevista a un recién llegado a la profesión, y además, ¿qué tenía que ver ella con las noticias culturales?

Todas las noches Carolina Tejeiro concentraba a más de ocho millones de espectadores frente a la televisión. Su capacidad de comunicación era extraordinaria, durante los veinte minutos que estaba frente a las cámaras, el silencio se hacía en cada hogar. Sus ojos verdes destacaban en aquel rostro lleno de belleza, y su voz cautivadora saciaba al silencio.

Cuando Julio llegó a la cafetería se sentó en una pequeña mesa situada en rincón, le había pedido que se ubicara en un lugar alejado de cualquier mirada. Carolina llegó puntual a la cita. LLevaba un pantalón vaquero azul envejecido y una camisa blanca, abrumaba aquella belleza. El pulso se le aceleró cuando se puso frente a aquella mujer, sintió que su boca se secaba y tuvo que beber un sorbo de agua inmediatamente.

    – Encantada, dame dos besos, olvidate de formalismos- le dijo Carolina.

Cuando sintió sus labios sobre su mejilla, Julio enrojeció.

    – Quiero agradecerle su llamada- Julio no pudo evitar tartamudear en sus primeras palabras.

Carolina lo miró fíjamente y le dijo:

     – Tranquilo, sé que te puede sorprender todo ésto, pero ahora comprenderás mi llamada-.

Mientras comenzaban a tomar un café, hablaron de lo que estaba cambiando la profesión, de los miedos que habían entre los profesionales del sector, y cuando pasaron unos minutos y Julio se había relajado, Carolina Tejeiro guardó un silencio sepulcral y desviando su mirada hacia la puerta de la cafetería, le dijo a Julio:

    – Hoy voy a dar la última noticia de mi vida como periodista y quiero que seas tú, Julio, el primero que sepas toda la verdad y que cuando sean las diez menos cuarto de la noche, en ese mismo momento publiques en tu peródico lo que ahora te voy a contar-.

Julio intentó articular dos palabras, pero comprendió que debía permanecer callado y limitarse a escuchar. Los ojos de aquella mujer se humedecieron, se tornaron de repente de una gran brillo y su voz había pasado a tener un timbre diferente.

     – Querido Julio, esta noche me despediré de todos, del público, de mis compañeros de trabajo, de mis jefes y…. de mi familia. Esta noche contaré la verdad, esta noche romperé un silencio que está destruyendo mi vida.
         Dejo la profesión, estoy cansada, muy cansada… pero sobre todo lo que quiero es hacer lo que vengo haciendo desde hace quince años durante los fines de semana y que es lo que realmente da sentido a mi vida.-

Carolina Tejeiro levantó la cabeza y perdiendo su mirada en mis ojos, noté como realmente no me observaba.

      – Desde hace quince años, todos los fines de semana me marcho a París. Allí en el bullicio y la serenidad de aquella ciudad encontré mi soledad, mis recuerdos, mis silencios,… encontré el mejor hallazgo de mi vida,…. me encontré a mí.
        Allí, querido Julio, hago lo que realmente deseo en esta vida, que es ofrecer mi cuerpo, mi mente, mis palabras a los demás. Allí descubrí que quería ser una prostituta, que aquello realmente llenaba mi vida.
        Esta noche Julio, desvelaré mi secreto, y quiero que seas tú el que lo comparta conmigo, y que seas quien realmente cuente esta historia.-

Aquella noche la tendré siempre en mi recuerdo, a las diez menos cuarto, Carolina Tejeiro hizo un pequeño silencio, dejó caer los codos en la mesa, apoyó su barbilla sobre sus manos entrelazadas y se despidió de todos. Su ojos llenos de sinceridad y dignidad y su dulce voz, revelaron un secreto…
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