LUGAR DE TRÁNSITO

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Una postal sin matasellos desde algún lugar de este planeta que ha perdido su órbita.

El petate de un soldado de reemplazo que nunca ha estado en guerra y que espera al autobús que lo llevará al frente de su propia batalla. La prostituta que lanza un beso al aire a un cliente en el hall de un hotel de una estrella, que está a las afueras de una ciudad dormitorio donde deambulan los insomnes cada noche. La gasolinera donde hace siete días que nadie reposta en un surtidor de gasolina de 95 octanos y que vende condones a un euro el polvo, almacenados en un expositor de plástico diseñado por Oki Sato. En la parada de taxi alguien se baja de un coche de alquiler por horas y se enciende la luz roja de vuelvo en cinco minutos. El maquinista que se baja de un tren marcha para cambiar las agujas de unos raíles que pasa de largo en una estación de un pueblo abandonado en el que viven siete vecinos y que el destino ha decidido descarrilar. En el muelle de atraque número tres, los consignatarios de una patera de lujo despliegan una alfombra roja para ver el desfile de inmigrantes que no traen dólares ni euros en los bolsillos a este sur convertido en norte de una esperanza con billete de vuelta. La puerta de embarque de un aeropuerto donde despega un avión cada cinco días y que se ha bloqueado porque un pasajero lleva un cinturón lleno de petardos para celebrar la noche de fin de año.

Acabo de recibir la postal que me has enviado por correo electrónico y en el móvil suena los primeros acordes de My way de Sinatra. Es un whatspp tuyo para decirme que te espere mañana, que llegarás tarde, pero que buscarás la manera de cambiar la hora de un reloj suizo fabricado en Vietnam, para ese reencuentro que no habíamos planeado.